Las retenciones a la exportación de soja en Argentina, han sido convertidas en móviles y progresivas, según dice el gobierno, para prevenir la sojización del país.
Esto es: el rapido y desvastador avance de los cultivos de soja por medio de herramientas comerciales y financieras muy sofisticadas denominadas pooles de siembra que a través de métodos de agricultura industrial van incorporando al monocultivo sojero, tierras que antes se dedicaban a otras oleaginosas, a la producción lactea, a la ganaderia y a la industria maderera o forestal, al arroz o al algodón.
El avance ha sido tan veloz y agresivo, que el monocultivo llega hasta salta, chaco y formosa en el norte y san luis y la pampa en el oeste y sur. Miles de kilometros mas alla de la pampa húmeda original. Esto es posible gracias al uso de semillas modificadas genéticamente que resisten otros patrones de humedad, de temperatura, de suelo y de plagas.
Dado que la sojización del campo impide o anula la producción de otros bienes pecuarios, y que genera graves consecuencias medioambientales, es de máxima prioridad detener el avance del que se ha dado en llamar oro verde.
El Gobierno Argentino, ha creido que aumentando las retenciones a las exportaciones, con un esquema móvil y progresivo, que responde a los aumentos de precios internacionales fijando techos virtuales a los mismos, va a lograr la tan ansiada rediversificación del campo, lo que traerá aparejados los siguientes beneficios:
Arraigo de los productores en los pueblos o en los mismos campos,
Producción de maíz, trigo, sorgo y girasol como insumos para otras industrias encadenadas,
Reducción de las presiones inflacionarias derivadas del costo de oportunidad de no plantar soja,
Diversificación de la oferta alimenticia de Argentina hacia el mundo,
Sustentabilidad ambiental al cambiar el paradigma desde buscar la máxima rentabilidad en el menor tiempo usando la tierra hacia el uso de la tierra de acuerdo a sus características ambientales y respetando los ciclos de la naturaleza.
Sin embargo, persiguiendo dichos fines, con los que estoy en general de acuerdo, lograrán el efecto contrario, que es el de aumentar el tamaño de las unidades productivas viables, impidiendo que muchos medianos productores hagan lo que ya hicieron los pequeños productores: arrendar sus tierras a un pool sojero. Los pooles tienen todas las economías de escala imaginables, y aún con retenciones altas, son capaces de mantener niveles de retorno sobre el capital muy elevados. Sin la escala industrial, no es posible producir. La salida, no será via diversificación o retorno a las actividades naturales del ecosistema, sino el arriendo al pool, facilitando la ya elevada concentración de la producción y su exportación.
Mientras los precios de otros productos no sean tan tentadores que la soja, ésta será la reina. Aún con retenciones.
Si de verdad el gobierno quiere evitar la sojización del país, debe encarar el tema a fondo y proponer un uso racional del suelo, evitando la predación a gran escala, el uso de biosidas que convierten la tierra en un sustrato muerto e impiden la convivencia de cualquier especie vegetal o animal, con aquellos 16 millones de hectáreas que actualmente ocupa la soja.
La selva de yungas esta siendo arrasada en Salta, Bolivia, Paraguay, Chaco y Formosa. Los arboles son arrancados con cadenas amarradas a poderosas maquinas viales e incendiados para avanzar con el oro verde.
Tal destrucción no se frena con retenciones que logran crispar el ánimo social. Se frena con una visión del desarrollo sustentable.







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