Me da mucha risa ver a los nenes chiquitos, de la edad de mis hijos buscando a tientas la cartulina en la que está dibujado el burro, con su colita de lana o tela intentando acertar la ubicación del "poto" del burro.
Algunos hacen "trampas", tratando de mirar por entre la mejilla y la nariz hacia el suelo, buscando orientación. Otros identifican alguna rugosidad o saliente que les permita, mediante el tacto, llegar a ganarse el premio.
Los mas inocentes, se dejan marear y salen con sus bracitos hacia adelante, tanteando a ciegas, hacia cualquier lado.
Así parecen encontrarse los comandos electorales de los tres candidatos presidenciales mas importantes. Están buscando, a tientas en la oscuridad de sus ojos vendados.
Tiran manotazos y no encuentran ninguna rugosidad de que aferrarse. Miran hacia abajo por el huequito y no ven el rumbo. Saben que están desorientados pero corren en todas direcciones.
Por qué?
Porque les cambió el paradigma, y no hay consenso sobre uno nuevo.
La política chilena era bipolar, maniquea. Un juego de suma cero a dos bandas. Una cinchada entre dos equipos parejos, con fuerza equivalente y distintos atributos que balanceaban la ecuación cada vez.
La política chilena era bipolar, maniquea. Un juego de suma cero a dos bandas. Una cinchada entre dos equipos parejos, con fuerza equivalente y distintos atributos que balanceaban la ecuación cada vez.
El sistema político binominal de la transición llegó a su fin tras la elección de Bachelet, quién pese a representar formalmente a la Concertación, abrió un dique en la sociedad que permitió nuevas sensaciones, otorgó nuevos permisos y rompió viejas ataduras. Bachelet le entregó una banda presidencial a cada mujer (y a cada niña) chilena. Bachelet le mostró a los patrones de fundo, machistas e intolerantes, perfeccionistas y maniáticos, integristas moralizantes de izquierda o derecha que una mujer divorciada y atea, médica y guitarrista puede gobernar bien, y eventualmente sortear la peor crisis desde los años '30, con una solvencia política y técnica superior, profundizando una red de protección social que no otorga derechos pero amplía las garantías de cobertura a los que menos tienen.
Una de las consecuencias de la era Bachelet, es el verdadero fin de la transición. Mal que le pese a Lagos y su remedo constitucional.
En mi opinión, una de las características principales de la nueva etapa post-transición, es el retorno de la sociedad chilena a los históricos tercios que marcaron sus largos periodos de estabilidad democrática desde el Siglo XIX.
Y hacer política a tres bandas, tiene riesgos, aumenta las posibilidades de los excluidos del sistema y hace mas valioso al mas pequeño. Sólo se gana juntando dos partes. Quitándose apoyos de los bordes de cada tercio para armar uno que emerge victorioso. A veces disputando el centro, a veces peleando los votos de centro-izquierda y por momentos con apelaciones al discurso ramplón de centro-derecha. Es un nuevo juego, que los actuales políticos chilenos no saben jugar. Y no se animan a jugar. Y no saben medir y evaluar. Todavía.
Mientras no emerjan patrones comunes, algunas certezas y aciertos, los candidatos y sus equipos andarán con su colita de lana, intentando "achuntarle" al poto del esquivo y trabajador burro.





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