La democracia se construye con partidos políticos. Los partidos políticos hacen política. La política tiene muchas dimensiones. Una de ellas, es la lucha por el poder. El poder se disputa en todos los niveles y en todas las instancias. A veces, el poder es visto como una capacidad colectiva para transformar la realidad. Otras veces es visto como una palanca personal (leverage) para determinar ciertos cursos de acción.
Los partidos políticos suelen ser los malos de la película en nuestras frágiles democracias. Y a veces, tienen bien ganado ese prestigio. Muchas de las actividades que realizan cotidianamente son difíciles de explicar en lenguaje sencillo. Otras tantas son antiestéticas frente a la opinión pública.
Hay tramas de acuerdos, negociaciones, posicionamientos y organización de las fuerzas que se producen "tras bambalinas". Lo que se ve, son frases ingeniosas para titulares de TV y Diarios. A veces, discursos encendidos que ya difícilmente emocionan. También se ven besuqueos, actos con pancartas pour la gallerie y visitas a centros de jubilados, colegios y espacios recreativos. Cuidadosamente producidos.
Entonces no es difícil concluir que uno VE puestas en escena empalagosas y falsas, y no ve el trabajo cotidiano, duro y trabajoso, a veces con límites éticos difusos, que se justifican en la acumulación del poder crudo y duro (la famosa palanca).
Los candidatos presidenciales no suelen sentirse cómodos con los partidos políticos. En general son dos caminos paralelos, pero diferentes.
Un candidato presidencial suele tener atributos positivos para comunicar (oratoria, pinta, carisma, energía, ideas, etc); puede también ser buen administrador (de la enorme cantidad de problemas, conflictos, intereses, políticas, programas, proyectos, siendo ordenado y metódico, eficiente en el uso del tiempo y los recursos, etc.); también puede ser un buen árbitro de las innumerables disputas de poder, cotidianas. Sabio para no dejar muchos heridos, para encontrar espacios de colaboración y dejar contento a todo el mundo. Pero si maneja mucho los códigos de la política, la relación con los partidos y la lógica del poder, se aleja de las grandes mayorías imprescindibles para ganar.
Y si el candidato presidencial, tiene capital político propio, no le debe favores a nadie (leverage again), y es independiente en la toma de decisiones, logra poner nerviosos a los apparatchik de los partidos, quienes buscan maneras de colocar sus palancas en los lugares apropiados para que hagan mas fuerza (leverage).
En eso están Eduardo Frei, su comando (personas seleccionadas por él mismo, de su confianza) y los partidos políticos que integran la Concertación (PPD, PS, PRSD, DC). Se desconfían: tienen motivos. Negocian: sus intereses en común. Tensan: para lograr mejores espacios de negociación.
Hoy hay una CENA en la casa de Frei, entre pocos. Los dueños de las palancas mas grandes. El candidato y sus mas estrechos colaboradores.
Es de esperar que luego de promesas concretas, de algunos compromisos simbólicos y de un cuidadoso reparto de espacios para colocar las palancas, salgan de buen talante, con ganas de trabajar en la campaña y de llegar a la victoria en las elecciones. Éstos players tienen mucho en juego como para jugárselo en caprichos personales. Esta lógica es mas poderosa.
Es de esperar que luego de promesas concretas, de algunos compromisos simbólicos y de un cuidadoso reparto de espacios para colocar las palancas, salgan de buen talante, con ganas de trabajar en la campaña y de llegar a la victoria en las elecciones. Éstos players tienen mucho en juego como para jugárselo en caprichos personales. Esta lógica es mas poderosa.
Falta ver cual es la lógica que predomina en la sociedad, pues no siempre están alineadas.
Vermouth con papas fritas y ..................goooooood shoooooowwwww!!!!
(Gracias Tato)






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